miércoles, 11 de noviembre de 2015

De fatigas y autobuses del Demonio.

Llevo unos días muy malos y creo que merezco el título de superheroína.

Super Xane. Yo lo veo.

Lo cierto es que ya tenía que habérmelo esperado teniendo en cuenta lo mal que estaba el domingo en el que estuve ahí a tope de power con Mantica. Cuando tengo un episodio de cervicalgia generalmente digievoluciona en fatiga extrema e insoportable. Y eso fue lo que pasó.

Don't get me wrong, la cervicalgia viene conmigo a todas horas y en todo momento. Como la fatiga. Como el dolor de brazos. Como cualquier otro dolor así en general porque es lo que tiene esta enfermedad: es muy amistosa y nunca te deja sola. Qué maja ella. Sí. Mogollón. Pero hay días peores que otros, como en todas estas historias. Y de estos es de los que hablo ahora mismo.

El caso es que el lunes amanecí como si me hubiesen pasado por encima cincuenta millones de camiones -así, aproximadamente y sin exagerar-. Mi primer pensamiento fue el de llamar a la grúa para que me levantase de la cama. De hecho, me costó como tres horas poder moverme y empezar a hacer mi vida "normal". Pero al final el lunes aún lo llevé medianamente bien, pese a la mala leche que me gastaba, pese a casi morir atropellada, pese a la fatiga y la falta de concentración y  pese al dolor así generalizado.

Pero llegó el martes y con él, lo peor. Pensé morir. Os prometo que hacía MUCHO tiempo que no tenía un episodio de fatiga tan agresivo como el que empezó el lunes y, por suerte, acabó el martes -no sin antes destrozarme física y anímicamente-. Me desperté de milagro y ya noté una perturbación en la fuerza: migraña. Me pesaban hasta las pestañas. Me repetí una y otra vez el mantra de: "tú puedes Cristina, levántate, vas a estar bien, no te va a doler, venga por favor muévete, no te puedes rendir". Dos horas después conseguí levantarme pero me dolía hasta el alma y la migraña estaba siendo realmente insoportable. Tenía la boca seca, los músculos entumecidos y no era capaz de fijar la vista en un punto sin marearme. Me vestí como pude -aún sigo sorprendiéndome de las fuerzas que saco para estas cosas- y salí a trabajar. No sé muy bien cómo sobreviví, pero lo hice. Otro pin para mí, por favor.

A última hora del martes ya me encontraba mejor y sabía que el miércoles iba a ser algo más tranquilo en cuanto a fatiga. Y así fue, pero ese también es el problema. Veo que soy más persona y la lío parda poniéndome a hacer todo aquello que no pude hacer en los días anteriores y claro, me paso. Mis momentos de actividad son tan limitados que tengo que aprovecharlos. Y sé que debería aprender a controlarme, sí, vale, estupendo, pero comprendedme.

Así que esta mañana me levanté bien, dentro de lo que cabe, y aproveché que hacía un día estupendo para ir andando al trabajo hoy que me sentía bien para ello. No sólo fui andando -lo cual son unos 35-40 minutos-, si no que además aproveché para hacer algo de compra por el camino. Hoy sólo tengo que dar tres clases así que lo llevé todo medianamente bien hasta que salí de trabajar. El dolor de piernas, colegas. Socorro. Que alguien me las corte ya por el amor de todos los Dioses del Multiverso. DO. LOR. *Se tira al suelo y patalea*

Y con esto vino mi problema de muchos días en el transporte público de esta mi querida ciudad: Vitrasa -de mierda-. Que di tú que no son los buses los que tienen el problema en este caso -por primera vez en su existencia-, si no más bien la gente que va en él. Aunque en este caso la culpa realmente no es de nadie. Lo que quiero decir con toda esta parafernalia sin sentido es que me dolían mucho las piernas, no había asientos, la gente se me adelantaba cuando quedaba uno libre (porque yo no era capaz de reaccionar a tiempo) y sólo quería ponerme a llorar en el suelo como una niña pequeña. Y lo más divertido fue cuando tenía un asiento libre justo al lado pero cuando fui a moverme se me pinzó la pierna y no pude ir, con el consecuente adelantamiento de otra persona que, por cierto, vio mi sufrimiento y pasó de todo sentándose igualmente. Y yo empecé a reírme sola porque es mejor reírse, sí. Siempre. Y así me pasé todo el trayecto de unos 20 minutos aproximadamente de pie, sufriendo, maldiciendo mi vida en todos los idiomas posibles y deseando que se acabase el mundo de una vez por todas.

A veces me dan ganas de pedirle asiento a alguien cuando no puedo más con el dolor, pero desde que una vez me soltaron un "qué morro le echas, con lo joven que eres y quitándole el asiento a otros que sí lo necesitan" y yo le solté un: "seré joven, pero eso no quita que me muera de dolor y que tú seas una maleducada" no quiero volver a hacerlo. Mi enfermedad es invisible, pero eso no significa que no la padezca. Y ojalá no os veáis nunca en la situación de pasar por algo así. Pero claro... qué hago. Cómo demuestro que lo estoy pasando fatal. Cómo hago para que me crean. Cómo hago entender a la gente que ser joven no es sinónimo de tener un cuerpo estupendo que no te jode la vida.

En fin. Mejor reír. Sí. JAJAJAJAJAJAJAJAJA. Y así hasta el fin de los tiempos porque claro, es lo que me espera. Toooooda la vida así.

Riámonos de nuevo, por favor.


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